Casi todos los moái de la isla —más de 900 en total— fueron tallados aquí, directamente en la roca volcánica de las laderas del Rano Raraku. Cerca de 400 se quedaron en el lugar: algunos terminados y listos para ser trasladados, otros a medio esculpir, todavía unidos a la roca madre.
Caminar entre ellos es distinto a ver un moái aislado en un ahu. Muchos están enterrados hasta el cuello por siglos de sedimento, lo que llevó durante mucho tiempo a pensar —erróneamente— que eran solo cabezas. Las excavaciones mostraron que tienen cuerpo completo bajo tierra.
El sendero sube por la ladera exterior del volcán y, si se completa hasta arriba, se llega a un mirador con vista a Ahu Tongariki y la costa sur. Un lugar que conecta directamente con el proceso creativo detrás de cada estatua que se ve en el resto de la isla.