Rapa Nui es una isla volcánica de costas rocosas, así que Anakena —con su arena blanca de coral y sus palmeras— es la excepción que todos buscan. Según la tradición oral, aquí desembarcó Hotu Matu’a, el primer rey legendario que colonizó la isla.
A pocos metros de la orilla están el Ahu Nau Nau, con moái que conservan parte de su pukao (el ‘sombrero’ de piedra roja) y algunos detalles tallados en la espalda, y el Ahu Ature Huki, el primer moái que se volvió a levantar en toda la isla, en los años 50.
Es, además, uno de los pocos lugares donde realmente se puede nadar. Muchos itinerarios la dejan para el final del día: después de horas recorriendo sitios arqueológicos, un baño en Anakena es el cierre perfecto.