Ahu Tongariki es el ahu (plataforma ceremonial) más grande de toda la isla, y también el que reúne más moái en pie: quince estatuas, restauradas entre 1992 y 1996 tras haber sido derribadas y luego arrastradas por un tsunami en 1960.
A diferencia de lo que mucha gente cree, los moái costeros no miran hacia el mar: miran hacia adentro, hacia el poblado, cuidando a sus descendientes. Es uno de los detalles que más sorprende a quienes visitan la isla por primera vez.
Si puedes elegir un horario, ve al amanecer. La luz baja y dorada ilumina de frente a los moái, hay muchos menos visitantes que al mediodía, y el volcán Rano Raraku —la cantera donde nacieron— queda a un paso para seguir la visita.